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Страница 1

James Ellroy

El Asesino de la Carretera

Título original:Silent Terror

A Duane Tucker

Del Big Apple Tatter, 13 de septiembre de 1983:

¡¡¡EL «VERDUGO SEXUAL», CAPTURADO!!!

¡¡¡EL ASESINO DEL CASO

BEHRENS/LEGGETT DE NUNZIO/CAFFERTY,

DETENIDO DURANTE

UNA REDADA EN UNA PENSIÓN

DE WESTCHESTER!!!

A las tres de la pasada madrugada, la soñolienta población de New Rochelle fue testigo de un drama a muerte cuando agentes federales y la policía local irrumpieron en una pequeña y pulcra casita de huéspedes de las afueras.

En el interior, en una pequeña y pulcra habitación del tercer piso, dormía Martin Michael Plunkett, de 35 años, sospechoso de ser el autor del asesinato sexual de dos parejas de enamorados: Madeleine Behrens, de 23 años, y su novio Richard Liggett, de 24, y Dominic de Nunzio y su novia Rosemary Cafferty, de 18 y 17, respectivamente. Apodado el Verdugo Sexual por las autoridades locales, Plunkett también es sospechoso de varios asesinatos más, cometidos con similar brutalidad por todo el país a lo largo de una década.

Sin embargo, el detenido, un hombre alto de mirada intensa, no estaba en vena asesina cuando la unidad policial de intervención, dirigida por el agente Thomas Dusenberry, del Grupo Especial contra Asesinos en Serie del FBI, evacuó la pensión y le lanzó un ultimátum por megáfono: «¡Plunkett, estás rodeado! ¡Ríndete o entraremos a buscarte!»

Con el eco del megáfono, el edificio, situado en el número 800 de South Lockwood, se sumió en un silencio letal. No tardó en oírse la voz del «Verdugo Sexual»: «Estoy desarmado. Antes de entregarme, quiero hablar con el jefe.»

Pese a las airadas protestas del equipo SWAT de New Rochelle y de sus colegas del FBI, el inspector Dusenberry entró en la habitación del asesino. Al cabo de cinco minutos, salía llevando a Plunkett esposado. Al preguntarle qué había sucedido durante esos cinco minutos, Dusenberry dijo: «Hemos estado hablando. Quería asegurarse de que, cuando confiese, su declaración se publicará íntegra. Lo ha dejado muy claro. Al parecer, es muy importante para él.»

De la sección «Precedentes legales», del American Journal of Psychiatry, 10 de mayo de 1984:

Expertos en jurisprudencia y psicólogos forenses siguen muy interesados en el caso de Martin Michael Plunkett, juzgado en febrero por cuatro acusaciones de asesinato en primer grado en el condado de Westchester, Nueva York.

Condenado a cuatro cadenas perpetuas consecutivas y recluido actualmente en la prisión de Sing Sing, Plunkett, de 36 años, no presentó defensa en el juicio. Actuando como abogado de sí mismo, entregó al juez una declaración escrita y, ante una sala abarrotada, la repitió al pie de la letra:

«El 9 de septiembre de 1983 maté a Madeleine Behrens y a Richard Liggett. La navaja que empleé para hacerlo está dentro de una bolsa de plástico y enterrada en el extremo sudoeste del lago de Huguenot Park, cerca de la esquina de North Avenue y Eastchester Road, en New Rochelle, Nueva York. El 10 de septiembre de 1983, di muerte a Dominic de Nunzio y a Rosemary Cafferty. La sierra que utilicé para descuartizarlos está dentro de una bolsa de plástico y enterrada al pie de un sicomoro, justo delante de la biblioteca pública de Bronxville, Nueva York. Ésta es mi primera, última y única declaración sobre los crímenes de los que he sido acusado y sobre cualquier otro del que se me considere sospechoso.»

Los investigadores encontraron las armas que Plunkett había descrito e identificaron sus huellas. Los técnicos forenses realizaron baterías de pruebas y declararon que el filo cortante de la navaja encajaba perfectamente con las marcas en forma de doble S que las cuatro víctimas presentaban en las piernas. Plunkett, que había mantenido un completo silencio desde su detención, el 13 de septiembre, fue condenado a partir de las pruebas materiales y de su declaración.

Este silencio ha creado expectación entre los agentes de la ley, que están convencidos de que el número de víctimas de Plunkett puede ascender a una cincuentena. Thomas Dusenberry, el agente del FBI responsable de la investigación que condujo a su detención, declaró: «Por las características psicológicas de los asesinatos Behrens/Liggett y De Nunzio/Cafferty, así como de una serie de asesinatos y desapariciones cuya secuencia temporal se corresponde con lo que sabemos de los movimientos de Martin Plunkett, sospecho que éste es autor de otras treinta muertes y desapariciones sin resolver, por lo menos. Una confesión, voluntaria o inducida mediante drogas, ahorraría a las fuerzas del orden incontables horas de investigación, pues muchos de los casos que atribuimos a Plunkett todavía están abiertos.»

Pero el recluso, cuyo expediente académico indica que posee una inteligencia de genio, no suelta prenda -y mucho menos confiesa- y, según las leyes, no puede ser forzado a hacerlo. Así pues, dos grupos diferentes están elevando peticiones a los altos responsables de las instituciones penitenciarias del estado de Nueva York para que los autoricen a acceder a sus recuerdos criminales: los cuerpos policiales, deseosos de «aclarar» los homicidios por resolver de sus respectivas jurisdicciones, y los psicólogos forenses, ávidos de sondear la mente de un brillante asesino en serie. Hasta el momento, todas las peticiones han sido rechazadas, al tiempo que los representantes de la Unión Americana de Derechos Civiles han declarado que intervendrán legalmente si, en un intento de obligarlo a confesar, se administran sustancias psicotrópicas a Plunkett por la fuerza.

La última palabra sobre el caso Plunkett tal vez la haya pronunciado el alcaide de Sing Sing, Richard Wardlow: «Se me escapan las complejidades legales y psicológicas de este asunto, pero una cosa sí puedo decirles: Martin Plunkett no volverá a ver la luz del día. Aunque comprendo muy bien a los policías que tienen entre manos homicidios por resolver, deben abandonar sus intentos y agradecer que el muy… esté bajo custodia. No se puede sacar sangre de una piedra, por más que la exprimas.»

De Publishers Weekly, 6 de junio de 1984: El asesino silencioso «hablará» en una autobiografía

El agente literario Milton Alpert, de M. Alpert y Asociados, ha anunciado que representará a Martin Michael Plunkett, condenado por varios asesinatos y conocido como el Verdugo Sexual, en la venta de sus memorias autobiográficas, un relato que, según Alpert, «no se calla nada y está destinado a recibir la consideración de texto clásico sobre la mente criminal».

Alpert, invitado a visitar Sing Sing mediante una llamada telefónica del propio Plunkett, quien ha mantenido un absoluto silencio desde que leyera una confesión de culpabilidad en el juicio celebrado el pasado febrero, declaró que el asesino, de 36 años, «siente un profundo remordimiento por sus actos y desea expiar su culpa escribiendo estas memorias "preventivas"».

Dado que las leyes de Nueva York prohíben que los delincuentes obtengan retribución económica de la publicación del relato de sus crímenes, todos los beneficios que se obtengan de la venta de las memorias de Plunkett irán destinados a las familias de las víctimas. «En realidad, Martin insiste en que así se haga», subrayó Alpert.

Los cuerpos de policía de todo el país han expresado ya un gran interés en leer, desde un enfoque puramente «forense», el manuscrito que prepara Plunkett. Consideran que puede ayudarlos a arrojar luz sobre asesinatos sin resolver que hubiese cometido el propio Plunkett (de quien varios agentes del FBI sospechan que tal vez se trate de un asesino en serie que actúa desde hace años). Como parte de «un acuerdo recíproco beneficioso para ambas partes», Alpert ha accedido a entregar «información relevante respecto a casos abiertos», a cambio de «documentos oficiales de la policía que ayuden a Martin a desarrollar la narración de su libro».

La obra, sin título todavía, será subastada cuando esté concluida.

I. Los Ángeles

1

El cálculo de Dusenberry se quedaba corto y la metáfora de la piedra del alcaide Warden Wardlow acertaba sólo en parte. Los objetos inanimados pueden sangrar pero, para que se lleve a cabo una transfusión, la efusión debe ser autorizada por la volición más profunda y lógica del objeto. Incluso Milt Alpert, ese decente marchante de literatura básicamente honrado, ha tenido que argumentar el anuncio de nuestra colaboración con eslóganes cargados de justificaciones y con palabras que nunca he pronunciado. No acepta el hecho de que ganará el diez por ciento de un discurso de despedida sangriento. Le resulta incomprensible que no sienta remordimiento ni desee la absolución.

Una persona en mi situación con más visión de futuro aprovecharía esta oportunidad narrativa y la utilizaría para la manipulación de los profesionales de la salud mental y del estamento judicial liberal, gente proclive a una visión barata de redención. Como no albergo la menor esperanza de salir de esta cárcel, no haré tal cosa pues, simplemente, sería una falta de honradez. Tampoco voy a presentar un alegato psicológico, yuxtaponiendo a mis acciones el supuesto carácter absurdo de la vida norteamericana del siglo XX. Me he sometido voluntariamente a la baqueta del silencio y, al crear mi propia

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